miércoles, 27 de febrero de 2013

Una aventura apasionante entre un millón de seres

El editor de este blog en la hermosa tarea de recolectar miel de abeja de un grupo de colmenas







Este lunes 25 de febrero por invitación de Raúl Endara, tuve la oportunidad de participar e intervenir activamente en el apasionante mundo de las abejas, esos pequeños insectos que viven pocas semanas y que mientras zumban y se asientan en las flores, reúnen polen y néctar vegetales que luego convierten en miel dulcísima, entre otros subproductos.
Endara, de la quinta promoción del San Luis Gonzaga y médico de profesión, posee más de una docena de colmenas al pie de un bosque de eucalipto en el Valle de los Chillos, que albergan a alrededor de un millón de “Apis mellifica” o hembras estériles, además de “reinas” o hembras fértiles que viven varios años y zánganos o machos que mueren después del acto de fecundación.
Los conocedores explican que el material vegetal que recogen las abejas es transformado y combinado con la enzima “invertasa” que contiene su saliva y almacenados en los panales en donde madura, tornándose en miel que constituye también su alimento. Además de la miel de abeja se obtienen importantes subproductos como la jalea real y el propóleo y la cera.
Una colmena puede incluir varios “pisos” cada uno de los cuales alberga a entre 8 a 10 panales que cuelgan verticalmente y en los que se arraciman en ordenada formación un conjunto de alvéolos perfectamente hexagonales en su ingreso y triangulares en su base, habitáculos de unos 6 milímetros de volumen en los que la abeja obrera deposita la miel y cubre con un opérculo.

El apicultor retira de la colmena los panales cargados de miel







El alveolo está formado por cera que produce la misma abeja y a partir de una lámina -de cera estampada- que el apicultor coloca transversalmente y entretejida con alambres en cada panal, ubicándolo en una estructura enmarcada por madera. Los alveolos cubren toda la superficie de la lámina, en sus dos lados y es maravilloso verlos repletos de  miel lista para ser extraída.
Quien trabaja en el sector debe observar ciertas medidas de seguridad ya que el pequeño insecto -y solo la obrera- posee un aguijón que clava a quien se atreve a perturbarla, inoculando ínfimas cantidades de un químico que produce una molestosa inflamación o complicaciones en caso de alergia y que puede causar la muerte si el ataque proviene de un enjambre de furiosas abejas.
El apicultor -preferentemente- usa un traje único para cubrir todo su cuerpo y el calzado, utiliza un velo de tela finamente entretejida para proteger los ojos y abarcar toda la cabeza y, si considera necesario, emplea guantes para trabajar, aunque quien tienen varios años dedicado a la tarea lo hace con sus manos desnudas y casi sin inmutarse recibe en ellas una o varias picaduras.
El apicultor usa un aparato que consta de un receptáculo en el que quema hojas secas, un fuelle que con  un resorte aspira aire y expulsa humo producido por la combustión y una boquilla que orienta humo caliente hacia sitios recónditos de la colmena, desorientando a la abeja que apartándose del panal vuela al exterior y permite trabajar con libertad en la recolección de la miel.

El apicultor, en este caso el dr. Raúl Endara, aplica el humificador para sacar a las abejas y facilitar la tarea







Quien trabaja en una colmena y en sus panales debe estar claro que no puede ni debe obstaculizar los sitios de ingreso y salida de las abejas o provocará su furor que se expresa con un zumbido intenso e in-crescendo que tensa los nervios pero al cual uno se acostumbra. Las abejas, incluso, embisten el velo que cubre los ojos cuando la labor de recolección se intensifica.
Se labora en forma pacienciosa y sin movimientos bruscos. Abiertas tapa y contratapa de la colmena aparecen los panales. Uno a uno se los retira y posadas en ellos hay cientos de abejas. Con el humificador y golpes leves se las aparta y los panales se reúnen en un receptáculo tapado para evitar que vuelvan a “impregnarse” de abejas atraídas por el intenso olor a miel.
Uno de los pisos de la colmena con los panales repletos de miel
Las fotografías cuentan la historia con imágenes. Las colmenas abiertas, el retiro de los panales y el uso del humificador, los panales se ubican en un mecanismo que gira al interior de un tanque y que, al hacerlo, por decantación, hace que la miel contenida en las alveolos salga y se precipite a una bandeja desde la cual un entramado de tuberías la orienta a envases para su consumo.
La preciosa jalea real es secretada por las abejas y alimenta a las larvas  durante los primeros días de su vida y a las reinas durante toda su existencia. El propóleo es una sustancia que obtienen las abejas de las yemas de los árboles y procesan en la colmena, convirtiéndola en un antibiótico que cubre las paredes de la colmena para combatir bacterias, virus y hongos que puedan afectarla.
El panal, tras ser extraído de la colmena, tiene en su superficie cientos de abejas que deben ser separadas con el humificador y golpes suaves







El propóleo tiene materias colorantes, los flavonoides como la galangina, las más activas en la función antiséptica y contiene resinas y bálsamos (un 50%), cera de abeja (un 30%), aceites esenciales (un 10%), polen y diversos minerales como aluminio, plata, bario, boro, cromo, cobalto, estaño, hierro y otros, además de provitamina A y vitaminas del grupo B, especialmente B3.
Como se dijo, las colmenas están formadas por varios pisos. En los superiores, generalmente, están los panales en los que las abejas obreras depositan el néctar de las flores que se convertirá en miel. En los pisos inferiores se encuentran los alveolos en donde viven y crecen las larvas hasta convertirse en abejas y los zánganos. En un alveolo en forma de cacahuete vive la abeja reina.
No hay que perder de vista que las abejas son los polinizadores más importantes de las plantas con flores y se estima que la tercera parte de los alimentos humanos son polinizados por insectos, fundamentalmente abejas. La abeja reina pone huevos fecundados que dan origen a abejas obreras infértiles y huevos no fecundados que dan origen a zánganos fértiles.

El recipiente en el cual los panales por rotación y decantación entregan la miel que contienen







El zángano que no tiene aguijón es la abeja macho de la colmena, vive en celdas mas grande que las de las obreras y procede de huevos sin fecundar. Muere tras el vuelo nupcial en que fecunda a la reina que guarda en su abdomen el esperma de los diferentes zánganos con los que copuló para hacer posible la existencia de la colmena en la que es reina y señora.


Terminada la tarea la miel fluye hacia los depósitos convertida en una catarata de oro líquido







Las fotografías fueron captadas por la artista colombiana María Angélica Dueñas Rodríguez.



2 comentarios:

raul endara dijo...

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Anónimo dijo...

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