viernes, 12 de diciembre de 2008

Vicente Montaño Chiriboga, 50 años después

Este viernes 12 de diciembre, en el Hospital Militar de la capital ecuatoriana, tuve un muy grato encuentro. Coincidí allí con Vicente Hermann Montaño Chiriboga, Código No.46-59, es decir, de la hornada que hace exactamente medio siglo comenzaba a forjarse en el Colegio San Luis Gonzaga de Quito.

Ustedes pueden ver en la gráfica que capte teniendo de fondo a la vieja ciudad cuyas calles recorrimos, que nuestro muy querido compañero “no ha pasado un día”. Esta tal y como lo conocimos allá por 1959, con 61 años a cuestas y casado con Beatriz Broyes y padre de cuatro mujercitas que le han dado, hasta le fecha, 10 nietos y un bisnieto.

Departimos largamente. Tras cursar la Primaria en la Escuela de El Cebollar de los Hermanos Cristianos, Vicente estuvo junto a nosotros en las aulas del Colegio de la Benalcázar, hasta cuarto año de Secundaria, en el año lectivo 1962-1963, cuando pasó a cursar estudios especializados en el Colegio Militar Eloy Alfaro.

Aunque su padre fue militar, y de los buenos, no terminó la carrera, sino que se orientó por otros derroteros, como la Contabilidad en la Academia Speedwriting, el deporte y la vida sana y la actividad artística como hábil guitarrista y sentimental cantante, habiendo integrado, entre otros, los Tríos “Equinoccial” y “Los Tres de oro”.

Tras grabar ocho long play, 20 sencillos y un CD, auspiciado por la Asociación de Artistas Profesionales del Ecuador e ir a Colombia y Venezuela para galas artísticas, Vicente sentó cabeza, atemperó su ánimo y en 1998 entró al Hospital Militar al área de Archivo, Estadísticas y Recursos Médicos, en el nivel simbólico de Suboficial.

Encontrarse con un Gonzaga, a la vuelta de 50 años es siempre placentero y embarga al espíritu de gran felicidad. Al menos ello nos ocurre a algunos. Es que con los Gonzagas atesoramos una memoria viva de aquella época en que, como dice el verso nunca olvidado, “dejábamos de ser niños y empezábamos a ser hombres”.

Vicente se lució en la Educación Física, integró la selección de Basketball, jugó fútbol y se aventuró a otras disciplinas deportivas y tuvo tiempo para unirse al Coro, recordando en forma especial, en esa actividad, a Carlos Augusto Patricio Loor Mera, que estaba en el curso inferior al nuestro y al que seguía en el curso inferior su hermano Ángel Felipe.

Recuerda con gran ánimo -cuando no- al Kléber Jaramillo Abarca, vecino de barrio, ya que Vicente vivía en la Villa Flora y el paciente del Dr.Endara en el parque de La Recoleta. Otro “vecino” al que recuerda con enorme afecto es a Rafael Edmundo Bastidas Flores, que actualmente trabaja en el Municipio de Pedro Vicente Maldonado.

Y así se pasaron las horas. Anécdota viene, anécdota va. Recuerdo que aflora, recuerdo que le sigue. Vicente tenía que asistir a un convite por la temporada festiva que vive el mundo y quien esto escribe debía atender otros asuntos. Nos despedimos con el compromiso de su asistencia a una próxima reunión en que podamos estar todos.

Si no es en el trabajo Vicente puede ser ubicada en su casa, al teléfono 2646617 o en el correo electrónico cekaas@yahoo.es . Se ha convertido en un hombre reflexivo, preocupado por el prójimo y la armonía humana. Aunque ¿aun? no pinta canas, sus reflexiones son serias y profundas y, se diría, ha descubierto de donde viene y a donde va y ello tranquiliza su espíritu.

Un gran abrazo querido amigo Vicente Hermann Montaño Chiriboga. La memoria que atesoramos perdurará por siempre y lo que somos y aquello que son los nos siguen, es el resultado de la excelente educación que recibimos y el gran ambiente de amistad y confraternidad que reino siempre en el San Luis Gonzaga de Quito, Ecuador.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

vbvbvbvbvbvbbv

Anónimo dijo...

Jorge,

Felicitaciones por ese reportaje de Vicente Montaño. Y a Vicente un saludo; tengo muy buenos recuerdos de tí; espero pronto tener la oportunidad de darte un abrazo